Episodios de la novela
VIERNES
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Ezequiel Prasky, periodista de una revista de biotecnología, equivoca el camino a una fábrica de Monsanto y estrella su auto contra una banquina. No conoce la zona, carece de comunicación y está oscureciendo. ¿Qué puede hacer? No mucho.
Un viejo tractorista rescata a Prasky y le revela un engaño: está allí por la diversión o el hastío de un don nadie. Prasky descubre por sí mismo que no tiene muchos lugares adonde ir. Dugoni, el viejo conductor, lo deposita en Estación Alicia, un pueblo sin luz alguna.
En un bar y hostal lo recibe Doña Margarita. El periodista no halla teléfono para pedir auxilio a Monsanto. La anciana los cobija, dándole un cuarto y una comida liviana de campo. Prasky, sin mucho por hacer, se retrae y recuerda a su abuela.
MAÑANA DEL SABADO
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Durante el desayuno de su primer día en Estación Alicia, Prasky conoce a dos personajes locales: un gordo que retoza como una foca entre tostadas y café con leche y un flaco nervioso que lo observa con insistencia mientras saborea un terrón de azúcar desparramado sobre su mesa. El visitante también conocerá algo más: hay otro teléfono en el pueblo, pero tampoco funciona.
El flaco resulta ser Carlitos, sosías del panadero Porchetito. El dueño de “La Espiga Roja” lleva años planificando una revolución y cree que Prasky es el enviado de su partido. Mientras monologa con fiebre y delirio, inicia los escarceos de la revuelta. Él y Carlitos pasan a la clandestinidad como los Comandantes Marx y Trotsky.
La maestra Ana llegó a Estación Alicia antes de que la luz desaparezca. Al tiempo se volvió insomne y, por ello o no, comenzó a inventar las clases para los pocos alumnos de la escuela rural. Creó letras, personalidades y la historia de una república independentista en medio de una Argentina que no existía. Todo por esperar el día. ¿Qué día?
Prasky conoce al bibliotecario Lopes y su pequeña casa-cuartel atiborrada de libros. Lopes va a iniciarlo en los primeros conocimientos de la crisis de la luz en Estación Alicia.
8. Los anarquistas de Bakunin nunca entendieron nada
Carlitos Trotsky crea una célula revolucionaria con el gangoso de la verdulería. Raimundi, su dueño, cree que en realidad están detrás de sus investigaciones sobre platillos voladores y ovnis.
9. El pueblo de El Chancho Rengo
Estación Alicia se apagó antes de todo brillo. Un cantor de tangos mentiroso le dio fama transitoria hasta su trágica desaparición. Sólo el movimientismo de los 70s sacudió la modorra de la siesta pueblerina. Tras eso, otra vez la abulia. Hasta la llegada de Prasky. Cómo es el páramo devorado por un mar de soja.
Lopes narra a Prasky el inicio de la historia. El pueblo se queda sin luz por un conflicto gremial en los '70 que deriva en el despido del único empleado de Luz y Fuerza de Estación Alicia. En represalia, el despedido Gordo Saldaña corta la energía e inicia el extenso ocaso del caserío sojero.
Vecinos, capitaneados por el verdulero Raimundi, exigen al gordo Saldaña que reconecte Estación Alicia al sistema energético. Será imposible. No hay ya cables. Saldaña se hunde en la depresión y muere el mismo día en que, con demoras, el correo avisa de su reincorporación, ocurrida pocas horas después del despido inicial. Entre enredos, todo parece remitir a un derrumbe permanente. Prasky no lo nota aun.
12. El dinosaurio de Monterroso
Lopes y Prasky han gastado un buen par de horas repasando la desaparición de Estación Alicia de los mapas y de la humanidad. El bibliotecario portugués, un hombre más informado de lo que permitiría el poblado abandonado, da una esperanza superficial al periodista: alguien tiene cómo comunicarse con el exterior.
Ana, la maestra insomne que inventa la historia argentina, hermana a Mitre y Sarmiento, chileniza las aspiraciones de uno y civiliza los motivos del otro. Entre gorriones, hijos de un tucán y un sapo, y el casamiento de Perón con Mariquita, una bailarina de cabaret, la mujer confirma día a día su destino: enviar ideas imposibles a las cabezas de niños que no están allí.
TARDE DEL SABADO
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Bernardino Giusti y sus gorilas de mil quinientos kilos llegan a Estación Alicia a controlar sus campos de soja y ganado. Mientras sus peones recorren las estancias, Giusti, un hombre con historia argentina de inmigrante, cumple su ceremonia de conversación silenciosa con Doña Margarita. Y se entera que un extraño ha arribado al pueblo.
Prasky regresa al hotel repasando la conversación con Lopes en medio de un calor abrasador y desesperante. Doña Margarita le notifica de la presencia de Giusti, a quien Prasky supone su salvador de aquel lugar perdido.
El silencio caerá varias veces del techo cuando Prasky descubra que Giusti no está dispuesto a ayudarlo a salir del pueblo. El estanciero toma su cuarto en el hostal y Prasky dormirá con el gato de Lopes. La fuga queda cada vez más lejos. Y llega el domingo.
17. Vladímir Ilich Uliánov y los choripanes
¿Qué siente un líder cuando sus seguidores no están a la altura de sus deseos? ¿Qué hace un mesiánico panadero con un ayudante de amasado y un cajoneador de verdulería? La revolución que siempre se prometió. Para eso, Boschetito Marx dispone de Carlitos Trotsky y, ahora, al pragmático pero escasamente atento Osvaldito Lenin. ¿Trilogía triunfadora?
DOMINGO
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Giusti niega asistencia a Prasky y el periodista se lamenta en solitario antes de abandonar la habitación del hostal rumbo a casa de Lopes. El domingo, una iglesia abandonada convoca a la población. Sin cura, rendida por los cielos, los vecinos la mantienen viva con ceremonias y ritos anormales. Dios sale de Estación Alicia y Prasky se queda allí.
19. La historia cruzó un puente
La maestra conoce al visitante perdido a la salida de la capilla por intermedio del bibliotecario. Una breve conversación y una pálida sospecha de Ana disparan las ironías sobre el panadero Porchetto y su plan revolucionario. Tan solitaria como él pero más decidida, Ana coquetea a Prasky. Él cree que en su última noche podrá gozar de ciertas sensualidades.
Los comandantes Carlitos Trotsky y Osvaldito Lenin llegan a la estancia La Concepción para sumar a Braulio y sus peones al Ejército Revolucionario de Estación Alicia. El ayudante del panadero ensaya un discurso emparchado para convencer al arisco jefe de los peones. Entre las ideas livianas y enrevesadas de uno y el deseo del otro por tener algo más que juegos de naipes, Porchetito Marx consigue la masa obrera suficiente para alinear sus fuerzas. Todo parece sugerir que el horno está listo.
Prasky y Ana ensayan el acercamiento. La decisión femenina toma al periodista vacilante, entrando y saliendo de la conversación. Lopes se escabulle con la excusa del asado mientras Prasky se interesa por el futuro de la maestra. Ana los alerta de extraños sonidos al lado, en la panadería.
Porchetito pretende un discurso movilizador en La Espiga Roja para los miembros del Ejército Rojo de Estación Alicia pero la peonada no abrocha. Braulio sigue sin comprender y si el gigante no entiende, los demás no mueven un dedo. Con paciencia y paparruchadas, el Comandante Marx finalmente quiebra la ciega fidelidad al líder rural, que también se pliega a su proyecto.
23. La revolución pide por usted
Ana toma la iniciativa para llevarse a Prasky, a.k.a. El Lento, a territorio privado. Pero todo deberá esperar. Los ruidos al otro lado de la pared, en la Espiga Roja, los distraen. Y cuando quieren recomenzar el Comandante Marx hace acto de presencia para arrastrar a Prasky sin muchas artes.
LUNES
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Un solo intercambio de palabras con Porchetito Marx bastó a Prasky para saber que estaba en manos de un alucinado, probablemente inofensivo pero molesto. El mismo hecho destapó las dudas en el Comandante panadero, que decide que aquel que supusiera su enviado secreto pasaría a ser objeto de retención popular hasta determinar su futuro.
Apresado, Prasky intenta primero por el razonamiento y luego por la burla obtener un salvoconducto de Porchetito Marx. Pero el Comandante, en una de sus clásicas fluctuaciones, gana la disputa. Hasta ha conseguido que Ana, la maestra, escriba su bando revolucionario. Mientras, nuevas sorpresas se incuban al calor del día.
Los esbirros de Giusti evitan que una partida revolucionaria los aprese y logran resctar a su jefe de la panadería. Poco antes, Porchetito es convencido por las clientas, desinteresadas de todo plan que no implique tener pan fresco, de retomar la producción del día. La logística del Comandante Marx se desmorona otra vez.
27. El rey caído y su alpargata de tela
Fastidiado al descubrir que sus socios han perdido al único prisionero importante, Porchetito Marx se rompe un dedo pateando el mostrador de la panadería. El jefe de la revoluta se desmorona ante la burla de Prasky y la compasión de Ana. Un último atisbo de orgullo le impide rogar la ayuda de Braulio hasta que la maestra arrastra al periodista a buscar un medicamento casero.
28. (Placebo) Nadie sale vivo de aquí
Mientras Ana regresa a hacer curaciones a Porchetito Marx, Prasky se queda conversando en casa de Lopes. El periodista parece divertido por la evolución de los hechos hasta que el bibliotecario vuelve a ponerlo en autos: la fuga de Giusti le ha dejado sin su única opción de salida de Estación Alicia. Lopes retoma la conversación sobre la imposibilidad real de todo escape.
Finalmente, el Comandante Porchetito Marx consigue hacer pública su proclama ante el cabildo ciudadano en la plaza. Ana ha construido una pieza hilarante de confusiones, donde la historia un día próceres y bellacos, inventa héroes, lugares y combates y fundamenta lo injustificable. El Comandante pasa de los detalles pero su oratoria se pierde: entre confusiones y sorderas, los vecinos le vuelven la espalda.
MARTES
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El estanciero Giusti regresa a Estación Alicia con una comitiva policial dirigida por un pretencioso comisario. Comienzan los escarceos y las negociaciones. El secretario de El Senador, el representante político de la zona, acompaña al grupo a desgano y genera tensiones ante los primeros intentos del jefe de policía por dialogar con Porchetito Marx. El Comandante parece permanecer indiferente a las intimidaciones teatrales de Giusti y sus adláteres.
El secretario de El Senador promete regresar temprano y atrae la atención de Doña Margarita a su teléfono celular. La mujer lo confunde con un grabador antiguo. El comisario quiere sentar posición ante un dubitativo Giusti, que observa impotente la resistencia de La Espiga Roja Revolucionaria. Mientras crecen las tensiones entre el comisario y el enviado de El Senador, el chico descubre por casualidad una salida posible: llevar al jefe a Estación Alicia para ganar rédito político con su victoria sobre los libertarios.
32. Playground de adultos malcriados
Prasky resiente la escasa iniciativa de Porchetito, cuyo ánimo bipolar empuja al énfasis y la derrota. El panadero entra en una nueva hora baja y, sorprendentemente, cuando tiene oportunidad de hundir el cuchillo para forzar la rendición de los rebeldes, el periodista rescata a su jefe. Lo hace nada menos que asumiendo el liderazgo de la revolución. Prasky organiza una redada de varios peones a la planta de Monsanto: quiere que roben unas muestras de soja que podrían servir para ganar algún tiempo.